Sobre nosotros
El bosque que te va a recibir lo sembramos con la comunidad
Hace veinte años esto era una finca ganadera abandonada en los Andes antioqueños, en un municipio que el país mencionaba solo en las noticias de guerra. Hoy son 23.000 árboles sembrados uno por uno con personas de la vereda, 140 especies de aves registradas que volvieron solas, y tres cabañas donde vas a dormir tranquilo sin escuchar el ruido de la ciudad.
Abajo, una cama extradoble. En el mezanine, un colchón doble y una malla catamarán para leer con el bosque enfrente. Caben cuatro adultos, o dos adultos y tres niños menores de 12 años.
Cada cabaña tiene tina privada de agua caliente estilo Ofuro japonés, cocina equipada, ducha con agua caliente y ventanales de piso a techo. Tu perro es bienvenido.
No construimos un lugar para que vengas a ver el bosque. Lo construimos para que el bosque te devuelva algo que dejaste de tener.

Silvery es un mico, no un adjetivo
El tití gris se llama en inglés silvery brown tamarin y no vive en ningún otro país del mundo. Cuando empezamos el proyecto, ya estaban aquí, en el poco bosque que quedaba en pie. Hoy son muchos más, porque hay más bosque. Y ahora ellos también lo siembran: dispersan semillas igual que las aves. Empezamos plantando nosotros. Ya no somos los únicos.

Los fundadores dirigimos personalmente cada decisión de este bosque desde hace veinte años, no un administrador de turno. Sembramos parte de los 23.000 árboles con nuestras manos, y contratamos familias de la vereda para sembrar el resto: este bosque también se volvió trabajo para la gente de San Carlos. Seguimos igual de pendientes hoy que el primer día.






