Bosque regenerado en Antioquia
De finca ganadera a bosque regenerado: lo que 23.000 árboles me enseñaron sobre los negocios
Hace veinte años este lugar era una finca ganadera abandonada, con pasturas degradadas y nacimientos de agua incipientes. Hoy es un bosque con 23.000 árboles, más de 110 especies de aves y un modelo de negocio que aprendió a pensar en décadas y no en trimestres.
Cuando mi hermana y yo compramos este terreno en San Carlos, Antioquia, el municipio todavía cargaba el peso del conflicto armado.
Llegamos aquí porque un amigo nos invitó a apostar por algo que casi nadie entendía: comprar un morro abandonado en una zona donde pocos querían invertir. Ni nosotros mismos teníamos claridad completa sobre lo que estábamos haciendo.
Lo que sí teníamos claro es ese dicho tan antioqueño: tener tierra hasta en el ombligo, y después de un tiempo ya queríamos una sola cosa, dejar el lugar mejor de como lo encontramos.
La decisión que pocos aplaudieron
Comprar tierra en una zona de posconflicto no era una decisión obvia. Tampoco lo era sembrar árboles en lugar de seguir con ganadería, que era lo que la región conocía y lo que financieramente parecía más sensato.
Aún así, arrancamos a sembrar y llegamos a 23.000 árboles, en su mayoría de especies nativas: cedro, ceiba, balso, abarco, guayacán, nogal y guadua. También sembramos melina, una especie introducida.
Generamos más de 20 empleos locales, hicimos amigos y nos salieron ampollas en las manos que hoy recordamos con alegría.
Nadie nos aplaudió al principio, los resultados tampoco fueron inmediatos, pero sí empezó a surgir cierta curiosidad entre nuestros amigos por las razones que nos habían movido a comprar tierra en San Carlos.
Con el tiempo entendimos algo que luego sería clave para Silvery: los bosques no trabajan en ciclos trimestrales. Operan en el largo plazo.
Lo que el bosque nos devolvió
Con el tiempo, empezamos a notar los cambios. Cada vez se veían y escuchaban más aves. Una familia de tití gris (Saguinus leucopus) se multiplicó. Los vecinos empezaron a hablar del tigre que vivía en nuestro bosque. Nuestras cámaras ocultas lo confirmaron: teníamos más especies de las que pensábamos que podíamos tener y por supuesto, estaba el tigrillo (Leopardus pardalis).
El agua cambió. Los nacimientos aumentaron su caudal y se volvieron constantes. El agua clara es una señal silenciosa de recuperación ecológica.
En 2024, junto al grupo de investigación Geolimna de la Universidad de Antioquia, documentamos más de 110 especies de aves en Silvery y una estudiante de ingeniería ambiental escribió su tesis de grado aquí. El bosque se convirtió en un laboratorio vivo. Nada de eso estaba en el plan original. El bosque nos superó.
La lección que ningún posgrado enseña
En algún punto del proceso entendí algo que cambió mi forma de pensar sobre los negocios:
La biodiversidad no es un accesorio ecológico, es infraestructura, y la infraestructura tiene retorno.
El agua que nace entre nuestros árboles no es narrativa, es el activo que hace posible la experiencia de nuestros huéspedes. Las 110 especies de aves no son un dato de mercadeo, son la razón por la que alguien conduce tres horas desde Medellín para llegar hasta aquí. El suelo vivo no es romanticismo, es un activo que ayuda a sostener la economía local de la vereda Cañaveral.
Regenerar no fue un costo, fue la inversión con mayor retorno potencial que hemos hecho.
Si hoy Silvery existe como negocio, es porque primero existió el bosque.
Por qué esto importa más allá de Silvery
Los Andes colombianos sostienen gran parte del agua que abastece ciudades, industria y agricultura. La presión aquí no es solo ecológica, es sistémica.
En esta región se cruzan energía, agua, población y biodiversidad. Si no regeneramos aquí, no hay equilibrio posible.
Esto no lo digo para generar preocupación, lo digo porque creo que hay una oportunidad enorme para empresas que entiendan que el modelo extractivo ya llegó a su límite y que el siguiente ciclo de creación de valor está en aprender a cuidar los sistemas que nos sostienen.
Silvery es un experimento en curso, no tenemos todas las respuestas, pero tenemos 20 años de evidencia de que se puede construir un negocio rentable que, al mismo tiempo, regenera el territorio donde opera.
Eso no es utopía, es estrategia.
Después de caminar este bosque, la conversación cambia
Ya no se trata de sostenibilidad como costo, sino de regeneración como estrategia empresarial.
Ven a verlo.
Reserva directamente y camina el resultado de veinte años de decisiones imperfectas, pero persistentes.
Después hablamos de negocios.
Gracias por llegar hasta aquí.
Silvery sigue creciendo gracias a quienes creen en una forma distinta de viajar.
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Por Edgar A. Martínez Londoño
Ingeniero Sanitario, MSc, PhD en Ingeniería Ambiental
Cofundador de Silvery Refugio Natural

