En 2024 arrancamos un proyecto de investigación con el grupo Geolimna de la Universidad de Antioquia y lo que encontramos nos sorprendió. En el mundo de los negocios medimos todo: Ingresos, costos, ocupación, satisfacción del cliente. Si no está en un tablero de control, no existe. Sin embargo, en el arranque operamos Silvery sin medir científicamente lo más importante y no sabíamos si el bosque que plantamos realmente estaba funcionando.

En 2024 todo cambió

En un comité de gerencia expuse que en Silvery estábamos llenos de hechos, pero teníamos muy pocos datos. En ese momento ya había adelantado la conversación con el grupo de investigación y teníamos claro cómo queríamos medir el impacto de las acciones que veníamos desarrollando durante casi dos décadas en Silvery. No fue difícil convencer al comité, todos tenemos sensibilidad por la regeneración, por dejar el planeta mejor de lo que lo encontramos y así arrancó la planeación. Manuela Merino Maya, estudiante de Ingeniería Ambiental de la Universidad de Antioquia, se interesó por el proyecto y arrancamos a planear su ejecución. Armamos un equipo de expertos para acompañarnos, entre ellos los doctores Fabio Vélez y Néstor Aguirre y el ornitólogo Adrián Escobar, tremendo bagaje junto para este primer proyecto. En ese proceso se definió la pregunta de investigación: ¿cómo la diversidad de aves puede indicar el avance de restauración en Silvery al compararse con un potrero y un ecosistema de referencia? Nuestro bosque se volvió su caso y su casa de estudio. Los resultados nos obligaron a ver de manera diferente lo que creíamos saber.

Los hallazgos de la ciencia

Entre septiembre y noviembre de 2024, con Manuela y Adrián recorrimos durante jornadas intensas, tres zonas escogidas en el predio, siguiendo la  metodología de línea transecta (muestreo siempre en la misma línea por tipo de zona de muestreo). Las zonas escogidas fueron: el potrero de la finca vecina, el bosque secundario natural de Silvery y nuestro bosque restaurado.

En este tiempo se alcanzaron a registrar 712 individuos de 112 especies de aves. El hallazgo que más nos impactó no fue el número total, fue la comparación entre zonas. El Bosque Restaurado de Silvery, el que sembramos desde hace 20 años, presentó la mayor riqueza de especies de las tres zonas (o biotopos): 75 especies. Este número fue mayor que en el bosque secundario natural, que lleva décadas sin intervención humana y donde se documentaron 58 especies. En el potrero se documentaron 47 especies, esta zona sufrió el proceso inverso al de Silvery, de bosque a potrero. Estos resultados no los esperábamos.

Otro de los hallazgos interesantes del proyecto fue la abundancia de individuos documentada, en su orden, en el potrero 331 individuos, en el bosque restaurado de Silvery 223 individuos y en el bosque secundario 158 individuos. Suena raro ¿cierto? Pero la respuesta es tan simple como debe ser todo, en el potrero se ven más fácil las aves, en el bosque no. Allí hay que usar otros métodos de identificación como grabaciones de audio e inclusive de video, y hacia allá es hacia donde vamos para refinar la información que hemos logrado con este primer proyecto.

Entre todo lo bonito que encontramos, se identificaron tres especies endémicas de Colombia: Ortalis columbiana, Driophlox gutturalis y Capito hypoleucus, esta última vulnerable a la pérdida de hábitat. Su presencia en nuestro bosque no es un dato menor: indica que el ecosistema ya ofrece condiciones suficientes para especies que no toleran ambientes degradados.

Las aves evidentemente están trabajando

El estudio también evaluó servicios ecosistémicos a nivel de paisaje. Las aves de nuestro bosque están activamente dispersando semillas, polinizando y controlando plagas. Esto es muy bueno porque su función se puede entender como infraestructura biológica que mantiene el ciclo de regeneración funcionando.

En términos empresariales: el bosque tiene empleados que trabajan con el pago anticipado que les sembramos y nos generan interés compuesto en forma de bosque, aunque no aparezcan en el estado de resultados de Silvery, todavía.

Lo que esto significa para Silvery

Cuando empezamos a construir las cabañas, terminamos de entender que cuidar el bosque era la decisión correcta. Durante años esa apuesta se sostuvo en la intuición y en lo que veíamos con nuestros propios ojos. Ahora tenemos evidencia académica. La tesis de Manuela se convirtió en la primera línea base científica de biodiversidad de Silvery. Un punto de referencia contra el cual vamos a medir el progreso en los próximos años. Lo debemos hacer porque:

Regenerar sin medir es narrativa vacía. Regenerar con datos es estrategia.

Silvery no es un proyecto terminado. Es un experimento en curso con cada vez más rigor. Si te interesa entender cómo se ve la regeneración con evidencia real, no con certificaciones de papel, ven al bosque.

La biodiversidad andina te estará esperando.

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Por Edgar A. Martínez Londoño

Ingeniero Sanitario, MSc, PhD en Ingeniería Ambiental  

Cofundador de Silvery Refugio Natural